Mundial 2026: la Copa de las migraciones y las dobles nacionalidades

Ciudad de México.– El Mundial de 2026 ya es considerado el torneo más transfronterizo en la historia del futbol. Más allá de celebrarse en tres países, el fenómeno que marca esta edición es la creciente presencia de futbolistas que representan a naciones distintas a aquellas donde nacieron.

De los mil 248 jugadores inscritos en la Copa del Mundo, 286 eligieron defender los colores de una selección diferente a su país de origen, reflejo de décadas de migración, procesos de colonización y una globalización que ha transformado la identidad de los equipos nacionales.

México no es la excepción. Por primera vez en la historia de los Mundiales, la Selección Mexicana cuenta con cinco futbolistas nacidos fuera del país: Julián Quiñones, originario de Colombia; Álvaro Fidalgo, nacido en España; Santiago Giménez, en Argentina; además de Brian Gutiérrez y Obed Vargas, ambos nacidos en Estados Unidos.

Cada uno siguió un camino distinto para vestir la camiseta tricolor. Mientras Quiñones y Fidalgo optaron por la naturalización tras desarrollar gran parte de su carrera en México, Giménez, Gutiérrez y Vargas eligieron representar al país por sus vínculos familiares y raíces mexicanas.

El caso de Fidalgo resulta particularmente llamativo. Cuando llegó al futbol mexicano en 2021, manifestó su deseo de jugar para España; sin embargo, tras cumplir con los requisitos de residencia establecidos por la FIFA y consolidar una estrecha relación con el país, terminó aceptando la convocatoria del representativo nacional.

La migración también transforma al futbol

La FIFA permite que un jugador represente a una selección distinta a su lugar de nacimiento siempre que cumpla determinados criterios, como tener ascendencia directa o residir durante al menos cinco años en el país que desea representar.

Este fenómeno encuentra explicación en una realidad global cada vez más marcada por la movilidad humana. Un informe de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señala que en 2024 existían alrededor de 304 millones de migrantes en el mundo, una cifra que duplica la registrada en 1990.

El organismo también destaca que el corredor migratorio entre México y Estados Unidos continúa siendo el más grande del planeta, con aproximadamente 11 millones de personas, mientras que Europa sigue siendo el principal destino para millones de migrantes africanos.

Del colonialismo a las selecciones modernas

La presencia de jugadores con múltiples nacionalidades no es nueva. El primer caso documentado en una Copa del Mundo fue el del ítalo-argentino Attilio Demaría, quien disputó la final con Argentina en Uruguay 1930 y cuatro años después conquistó el título con Italia en el Mundial de 1934.

Desde entonces, las reglas de elegibilidad han evolucionado para adaptarse a las transformaciones sociales y demográficas del mundo.

Uno de los ejemplos más representativos es Francia. Campeón del mundo en Rusia 2018, el conjunto galo contó con 14 futbolistas de raíces africanas. En la actual edición, la cifra aumentó a 22 jugadores con ascendencia proveniente de antiguas colonias francesas como Marruecos, Camerún, Senegal y Malí.

La máxima figura francesa, Kylian Mbappé, simboliza esta diversidad: nació en Francia, pero es hijo de un camerunés y una argelina.

Curazao y Marruecos, ejemplos de una nueva realidad

Las huellas del colonialismo también son visibles en selecciones como Curazao. Aunque representa a la isla caribeña, 25 de sus 26 jugadores nacieron y se desarrollaron futbolísticamente en los Países Bajos, gracias a los vínculos históricos que mantienen ambos territorios.

Marruecos, por su parte, ha convertido su diáspora en una fortaleza deportiva. El combinado africano sorprendió al mundo al alcanzar las semifinales en la pasada Copa del Mundo, apoyado en futbolistas nacidos y formados en países europeos como España y Francia.

Entre ellos destaca el capitán Achraf Hakimi, nacido en Madrid e hijo de migrantes marroquíes, quien se ha convertido en uno de los principales referentes del futbol internacional.

Argelia también ha seguido una estrategia similar al integrar jugadores con raíces familiares en el país africano, pero desarrollados en academias europeas, fortaleciendo así la competitividad de su selección.

Un Mundial que refleja al mundo

Más que una competencia deportiva, el Mundial 2026 se ha convertido en el espejo de una sociedad globalizada, donde las identidades nacionales conviven con historias de migración, integración y pertenencia.

La diversidad que hoy caracteriza a las selecciones demuestra que el futbol, al igual que las sociedades modernas, ya no entiende de fronteras rígidas, sino de vínculos culturales, familiares y personales que trascienden el lugar de nacimiento.

Categories:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *