Aunque en Sinaloa habitan 35 grupos indígenas, solo tres son originarios de la entidad y enfrentan un desafío cada vez más preocupante: la pérdida de sus lenguas y tradiciones entre las nuevas generaciones.
Así lo advirtió Crescencio Ramírez Sánchez, comisionado para la Atención de las Comunidades Indígenas, quien señaló que muchos jóvenes han dejado de hablar sus idiomas maternos, poniendo en riesgo una parte fundamental del patrimonio cultural de los pueblos originarios.
El funcionario explicó que gran parte de los grupos indígenas asentados en Sinaloa llegaron hace décadas como trabajadores agrícolas y posteriormente establecieron sus comunidades en la entidad. Sin embargo, la preservación de su identidad cultural enfrenta obstáculos derivados de los cambios sociales y tecnológicos.
Además de las lenguas indígenas, tradiciones como la música, la danza y diversas expresiones culturales también muestran señales de debilitamiento. Ramírez Sánchez atribuyó parte de este fenómeno a la influencia de las redes sociales y a la creciente desconexión de los jóvenes con sus raíces culturales.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, destacó que existe el compromiso institucional de impulsar programas orientados a preservar las costumbres, fortalecer la identidad de las comunidades y promover el respeto a sus derechos.
No obstante, reconoció que aún persisten importantes rezagos. Entre las principales demandas se encuentran mejores condiciones de vivienda, infraestructura básica, caminos y servicios, así como proyectos productivos que permitan mejorar la calidad de vida de las comunidades indígenas.
También señaló la necesidad de armonizar la legislación estatal con las recientes reformas federales en materia indígena y garantizar que los pueblos originarios conozcan y ejerzan plenamente sus derechos.
Los Mayos-Yoremes, los Tarahumaras y los Tepehuanos representan los pueblos indígenas nativos de Sinaloa, cuya permanencia cultural dependerá de las acciones que emprendan tanto las autoridades como la sociedad para evitar que desaparezcan sus lenguas, costumbres y formas de organización.
